El agua y la Ciudad: las oportunidades del desarrollo urbano sustentable en la Ciudad de México


14/07/17
En días recientes, la Ciudad de México se ha visto afectada por fuertes lluvias que han ejercido una presión considerable sobre los sistemas urbanos de drenaje y bombeo de agua. En consecuencia, han proliferado las inundaciones en arterias principales de la capital, se han presentado interrupciones en algunas líneas del sistema de Metro y se han registrado daños al patrimonio de los habitantes de la ciudad. Esta coyuntura ofrece la oportunidad no sólo de analizar los efectos del cambio climático en zonas urbanas, como lo es la Ciudad de México, sino también de arrojar luz sobre el gran potencial que existe en las ciudades para demostrar que es posible detener el calentamiento global y, al mismo tiempo, lograr una mejor calidad de vida para las personas.

Una ciudad con más lluvias y menos agua

La Zona Metropolitana del Valle de México se enfrenta a un gran dilema que pone en entredicho su capacidad de lograr un verdadero desarrollo urbano sustentable. Por un lado, la aparición de lluvias más intensas ha saturado los sistemas de drenaje urbano y ha causado inundaciones graves en ciertas zonas bajas de la ciudad. Por el otro lado, existe evidencia de que la disponibilidad de agua para uso cotidiano en la Ciudad de México es cada vez menor.
Ambas vertientes del problema están altamente correlacionadas con los efectos del cambio climático, pero también son consecuencia de un modelo de desarrollo urbano poco sustentable, basado en la expansión descontrolada de la mancha urbana y la falta de un plan de adaptación de largo plazo frente a fenómenos climáticos atípicos.


Las presiones de un clima cambiante

Hoy por hoy, el cambio climático es un tema prioritario para las ciudades. Hay evidencia clara de que la frecuencia y gravedad de los fenómenos climáticos ha aumentado desde principios del siglo XX y este crecimiento fue más pronunciado desde 1950.[1] 75% de las ciudades del mundo están expuestas al aumento en el nivel del mar y las tormentas que resultan del cambio climático.[2]
Cabe destacar que el cambio climático no solamente se trata de un aumento en la frecuencia y gravedad de los fenómenos meteorológicos: es un proceso complejo cuyos efectos se manifiestan de formas muy diversas y, en ocasiones, contradictorias. Así, aunque el calentamiento global implique un incremento sostenido de las temperaturas promedio del planeta[3], en algunas regiones, también se observan ondas gélidas o tormentas de nieve.[4]
Otro efecto paradójico, pero igualmente relevante, es el aumento en la intensidad de las lluvias en ciertas regiones del mundo acompañado de la aparición de sequías cada vez más prolongadas. Esto se debe a que el calentamiento global -o el aumento de la temperatura promedio del planeta a través de los años- altera los ciclos globales del agua.
En primer lugar, un aumento en la temperatura de la superficie de los océanos implica que el agua se evapora más rápido y, a su vez, una atmósfera más caliente permite una mayor acumulación de dicho vapor de agua. El resultado es un fuerte aumento en la intensidad de las lluvias, lo cual aumenta en gran medida los riesgos de inundaciones.[5]
Sin embargo, esto no significa que haya menos sequías. Al contrario, el calentamiento global acelera la evaporación del agua de ríos, lagos y mares. Un aumento en la intensidad de las lluvias (o la cantidad de agua que cae cada segundo) impide que los suelos sean capaces de absorber y filtrar el agua. Esto, por una lado, dificulta la recarga de los mantos acuíferos y, por otro, hace crecer el riesgo de inundaciones. Toda el agua que queda estancada en las zonas inundadas es agua que no fluye hacia los ríos, lagos y mares, como debería. Y, por si fuera poco, el calentamiento global también tiene implicaciones para la frecuencia de lluvias: las hace más escasas en lugares donde usualmente siguen un patrón estable.
En el caso de la Ciudad de México, el cambio climático también es un factor de peso para explicar las recientes inundaciones y el estrés hídrico que cada día se agrava más.[6]
Los cambios en los patrones de precipitación para nuestra ciudad siguen la tendencia global que predicen los estudios sobre cambio climático: las lluvias cada vez son más intensas y cortas. La Organización Meteorológica Mundial (WMO por sus siglas en inglés) reporta un aumento constante en la intensidad de las lluvias -es decir, los milímetros cúbicos de lluvia que caen cada año- en la Ciudad de México desde principios del siglo XX.[7] Además, aunque la cantidad anual de agua de lluvia aumenta, los períodos de precipitación son más cortos y más escasos.[8] Tan solo el pasado miércoles 28 de junio, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (SACMEX), registró que cayeron 7 mil 500 millones de litros de agua durante la tarde; el equivalente a 1 mil 153 veces la cantidad de agua que contiene la Alberca Olímpica durante sólo unas horas.[9]
Adicionalmente, el cambio climático también está asociado a un aumento de las temperaturas tanto a nivel nacional como en la Ciudad de México. Las temperaturas promedio en nuestro país han aumentado cerca de 0.85°C desde la década de 1960[10].
Se espera que, hacia 2030, en la Ciudad de México las temperaturas durante los meses más fríos aumenten hasta 1.25°C.[11]
Como resultado, un aumento en las temperaturas con lluvias más intensas pone a la Ciudad en riesgo de sufrir graves inundaciones y una crisis hídrica sin precedentes. Por un lado, el aumento en las temperaturas genera una mayor demanda de agua por parte de los habitantes de la urbe y una mayor probabilidad de sequía, debido a la rápida evaporación del agua en los cuerpos hídricos. Por el otro lado, lluvias más intensas, pero escasas, no permiten una filtración adecuada del agua a fin de recargar los mantos acuíferos que podrían ayudar a satisfacer la creciente demanda de agua. En consecuencia, dicha incapacidad de los suelos para filtrar tanta agua, en tan poco tiempo, aumenta las probabilidades de inundación.


Los efectos perversos de una Ciudad poco sustentable

Además de los retos que presenta el cambio climático para la Ciudad de México, un modelo de desarrollo urbano poco sustentable ha contribuido en gran medida a agravar los problemas hídricos de la Ciudad de México.
Extraer, transportar y bombear el agua necesaria para proveer servicios públicos básicos para los capitalinos es ya de por sí un reto. La ciudad ya importa cerca del 40% de su agua de fuentes remotas, como las cuencas del Lerma y Cutzamala y el 40% de dicha agua se pierde en fugas y ordeña durante el largo traslado de la misma hacia la Zona Metropolitana (12,000 km de tuberías).[12]
La expansión desmedida de la mancha urbana sólo contribuye a agravar la situación de estrés hídrico que sufre la Ciudad de México. En primer lugar, la falta de un crecimiento urbano compacto y sustentable encarece los procesos de transporte y bombeo de agua hacia la Ciudad, sin mencionar el bombeo de aguas residuales. La falta de un sistema propio de reciclaje de aguas negras o de recolección eficiente de agua de lluvia genera una onerosa carga para los sistemas de desagüe.
Asimismo, el crecimiento de la mancha urbana -ocupando cada vez una mayor superficie, en lugar de densificar la urbe- frecuentemente ocurre a costa de suelos boscosos y suelos de conservación. Dichos terrenos proveen servicios ecológicos importantes y altamente valiosos: nos ayudan a filtrar adecuadamente el agua de lluvia, de tal modo que ésta termina recargando los mantos acuíferos en el subsuelo que proveen de agua a nuestra ciudad.[13]
Una expansión de la superficie asfáltica y la eliminación constante de suelos de conservación abona también a los riesgos de inundación durante lluvias intensas. Ambos factores operan en paralelo para generar el mismo efecto: disminuir la capacidad de nuestros suelos de absorber y filtrar el agua de lluvia.
La construcción de asentamientos humanos en las zonas montañosas del Valle de México como los que hay en las delegaciones Tlalpan, Álvaro Obregón, Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo y Cuajimalpa, entre otras, altera el ciclo del agua, acelerando la crisis hídrica del Valle de México, además de poner en riesgo a la población que ahí habita. Las laderas de los cerros y montañas sirven como parte fundamental del proceso de escurrimiento de las aguas de lluvia hacia los cuerpos hídricos. Cuando estos terrenos montañosos comienzan a urbanizarse, los asentamientos impiden un escurrimiento adecuado y contribuyen al azolve; es decir, impiden una adecuada recarga y entrada de agua a los ríos, lagos, presas y mantos freáticos del subsuelo.
Esto sin mencionar el peligro que corren todos los habitantes de los asentamientos irregulares, que se encuentran en zonas vulnerables a deslaves y desplome de barrancos. Para agravar aún más el panorama debe señalarse que llevar servicios de electricidad, agua potable, drenaje, transporte público y recolección de residuos sólidos a estas comunidades resulta físicamente complicado, energéticamente ineficiente y económicamente muy oneroso.
En resumidas cuentas, cuando llueve de manera tan intensa, la Ciudad colapsa en medio de inundaciones debido a:
  1. La excesiva presión que el crecimiento urbano desmedido e insostenible ejerce sobre los sistemas de desagüe;
  2. la falta de una estrategia clara para reciclar las aguas negras y captar el agua de lluvia;
  3. el aumento en la cantidad de basura que tapa las coladeras de la Ciudad; y
  4. la reducción de suelos de conservación y áreas boscosas capaces de filtrar apropiadamente el exceso de agua de lluvia.
En la otra cara de la misma moneda, nuestra incapacidad para transitar hacia un crecimiento urbano sustentable abona a la crisis hídrica de la Ciudad por:
  • Un incremento en las temperaturas en el Valle de México, el cual provoca una evaporación más rápida de los cuerpos de agua y también genera una mayor demanda de agua;
  • la disminución en la capacidad de los suelos para filtrar agua a mantos freáticos y así satisfacer la creciente demanda;
  • las alteraciones en los procesos de escurrimiento que ocasionan los asentamientos en terrenos montañosos; y
  • las altas emisiones que abonan a agravar los efectos negativos del cambio climático.


 Las ciudades: un frente determinante en la lucha contra el cambio climático

Para combatir eficazmente el cambio climático -y al mismo tiempo generar crecimiento económico de largo aliento- es necesario actuar en tres sistemas: ciudades, usos de suelo (restauración de tierras degradadas y reforestación) y energía. Estos tres ejes nos permitirán acelerar la transición hacia una economía baja en carbono; sólo así podremos no sólo evitar los costos más importantes del cambio climático, sino que podremos generar oportunidades económicas y enfrentar los retos del futuro de manera sustentable.[14]
Desarrollar ciudades bajas en carbono sin duda es, hoy en día, el gran reto para el futuro, debido al potencial que tiene para generar cambios en el planeta y en la vida de las personas. Transitar hacia ciudades más compactas, donde sus ciudadanos vivan más conectados y con gobiernos mucho más coordinados generaría avances positivos en el consumo de energía y en el sector de uso de suelo. Por un lado, las ciudades consumen el 70% de la energía mundial y también contribuyen con el 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) relacionadas con la generación y consumo de energía.[15] Por otro lado, controlar la expansión de las manchas urbanas contribuye a liberar tierras que podrían convertirse en suelo de conservación -prestando importantes servicios ecológicos al planeta- o que pueden ser usadas en agricultura sustentable.


 Por una ciudad con una mejor calidad de vida y menos emisiones

Si queremos que la Ciudad de México se convierta en una urbe con una mejor calidad de vida, más próspera y más sustentable, debemos transitar hacia un modelo de crecimiento urbano de bajas emisiones. No se trata sólo de obtener logros ambientales, sino de generar un verdadero modelo que nos permita combatir el cambio climático, adaptarnos a sus efectos y ofrecer a los habitantes mejores condiciones de vida. En este sentido, presentamos una serie de propuestas para transitar hacia una ciudad baja en carbono, con grandes beneficios sociales, económicos y ambientales.
  1. Utilizar todos los instrumentos de política pública posibles para densificar la ciudad y detener el crecimiento de la mancha urbana. Necesitamos una ciudad más compacta y conectada. Compacta quiere decir que el desarrollo urbano debe privilegiar la densificación y los usos de suelo mixtos. Esto generará ahorros importantes en la provisión de servicios públicos y aumentará la productividad de la ciudad. Hay evidencia sólida de que invertir en ciudades sustentables reduce las necesidades de inversión en infraestructura.[16] Una ciudad poco sustentable, con una baja calidad de vida y vulnerable al cambio climático no es capaz de aprovechar su potencial para atraer inversiones y generar prosperidad.
En términos ambientales, podremos reducir emisiones contaminantes debido a que será más fácil expandir las redes de transporte público y se incrementará la eficiencia energética en el manejo de agua potable y residual, el alumbrado público y el manejo de residuos sólidos, entre otros. Los ciudadanos gozaremos de una mejor calidad de vida gracias a que aumentan las probabilidades de proveer eficientemente servicios públicos esenciales. Sólo así podremos reducir las presiones y la saturación de nuestros sistemas de desagüe y bombeo de agua.
  1. Privilegiar el transporte público como base de una ciudad baja en carbono. La Ciudad de México debe contribuir a la lucha contra el cambio climático para evitar sus catastróficas consecuencias. Necesitamos transitar hacia un modelo urbano de bajas emisiones y una de las claves es implementar un desarrollo en torno al transporte público de cero -o casi cero- emisiones. Tan sólo el sector transporte aporta el 46% de las emisiones contaminantes en la ZMVM.[17] Mejorar nuestras opciones de transporte tiene importantes beneficios ambientales y económicos: por un lado, contribuye a reducir las emisiones de gases efecto invernadero y a mejorar la calidad del aire y, por otro lado, ayuda a incrementar los niveles de productividad, reducir los tiempos de traslado y reducir los costos diarios de desplazarse.
  2. Detener los asentamientos en zonas montañosas. Es urgente detener y revertir el poblamiento de las zonas altas que rodean el Valle de México. Esto tendrá beneficios económicos claros para el erario público, el medio ambiente y los ciudadanos: generará ahorros por lo costoso que es dotar de servicios a estas comunidades y también redundará en menos emisiones de carbono (consumo de combustible por camiones de basura, el gasto de energía para bombear agua, así como las obras para electrificar dichas áreas). Para los ciudadanos -que muchas veces encuentran ahí una opción de vivienda asequible- es riesgoso habitar zonas vulnerables a deslaves y derrumbes.
Si queremos prevenir una situación de sequía o una crisis de agua en la Ciudad de México, debemos detener las alteraciones al ciclo del agua que impiden el escurrimiento y recarga de los cuerpos hídricos.
  1. Restaurar y proteger los suelos de conservación. Es imperante proteger los suelos de conservación existentes y restaurar aquellos que ya se encuentran en degradación o invadidos por asentamientos irregulares.[18] Las áreas verdes proveen a nuestra metrópolis de servicios ecológicos esenciales: filtrando el agua de lluvia, contribuyen a evitar inundaciones y recargan los mantos acuíferos del subsuelo (fuente de agua).
  2. Realizar planes de largo plazo para hacer frente a fenómenos climáticos atípicos de manera eficaz y eficiente. Por un lado, es necesario elaborar sistemas de captación del agua pluvial que operen de manera paralela al sistema urbano de desagüe.[19] Sólo así podremos podemos generar un modelo hídrico sustentable frente a una creciente población urbana en la Ciudad de México (2 millones más hacia 2030).[20]
Por otro lado, es necesario fortalecer la capacidad de respuesta de las autoridades locales ante la innegable realidad de que los episodios de lluvia serán cada vez más intensos y los riesgos de estrés hídrico aumentarán. Es necesario evaluar si existen zonas prioritarias donde los riesgos de inundación son mayores, a fin de activar medidas preventivas en vísperas de la temporada de lluvias.
Las ciudades presentan una gran vulnerabilidad frente al cambio climático y a su vez su rediseño es esencial para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Aún las megalópolis como la ciudad de México ofrecen grandes ventanas de oportunidad para modificar el modelo de desarrollo urbano hacia esquemas más sustentables. Sin embargo, el margen de maniobra es cada vez menor. Es necesario actuar con verdadero sentido de urgencia para lograr contener los efectos más perniciosos del cambio climático.


[1]  The International Disaster Database, Centro para la Investigación de la Epidemiología de Desastres de la Universidad Católica de Lovaina. Los datos contemplan tormentas, sequías e inundaciones.
[2] “Financing the Urban Agenda”, NCE Urban Initiative,
[3] Se ha observado un incremento en la temperatura de los océanos y la superficie terrestre.
[4] Una posible explicación de esto yace en la alteración de temperaturas en el Polo Norte. Un incremento en las temperaturas genera disrupciones en el vórtice de aire que mantiene a raya los vientos fríos del norte. Con un vórtice polar débil, corrientes de aire frío pueden llegar a causar tormentas invernales atípicas en ciertas partes del mundo. Para mayor información, consultar “Arctic Ice Melt Already Affecting Weather Patterns Where You Live Right Now”, The Guardian, diciembre de 2016, https://www.theguardian.com/environment/2016/dec/19/arctic-ice-melt-already-affecting-weather-patterns-where-you-live-right-now
[5] Climate Change and the Water Cycle, The Climate Reality Project,
[6] https://www.nytimes.com/es/interactive/ciudad-de-mexico-al-borde-de-una-crisis-por-el-agua/
[7] Los datos disponibles son de 1907 a 2007. Se trata de datos de precipitación anual acumulada. Luisa Molina et al., Air Quality, Weather and Climate in Mexico City, https://public.wmo.int/en/bulletin/air-quality-weather-and-climate-mexico-city; Benjamín López Martínez, Patrones de Precipitación en el Valle de México, su evolución histórica y sus proyecciones, Centro Virtual de Cambio Climático de la Ciudad de México, 21 de febrero de 2011.
[8] Luis Zambrano, “Inundaciones y falta de agua, consecuencia del cambio climático en la Ciudad de México”, Nexos, 6 de junio de 2017.
[9] La Alberca Olímpica contiene 6.5 millones de litros de agua. http://noticieros.televisa.com/ultimas-noticias/cdmx/2017-06-29/lluvia-miercoles-rebaso-sistema-drenaje-cdmx-sacmex/
[10] Climate: Observations, projections and impactsSummary factsheet Mexico. UK Met Office, 2011.
[11] La Visión de la Ciudad de México en materia de cambio climático al 2025, SEDEMA, 2015, disponible en http://www.sedema.cdmx.gob.mx/storage/app/media/programas/cambio-climatico/visioncdmx2025.pdf
[12] https://unhabitat.org/wp-content/uploads/2012/06/GRHS2011CaseStudyChapter04Mexico.pdf
[13] “Ciudad de México, al borde de una crisis por el agua”, The New York Times, disponible en https://www.nytimes.com/es/interactive/ciudad-de-mexico-al-borde-de-una-crisis-por-el-agua/
[14] “New Climate Economy Report”, Comisión Global sobre la Economía y el Clima, 2014.
[15] Seto y Dhakal, “Capítulo 12: Human Settlements, Infrastructure, and Spatial Planning”, en Reporte 2013 del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), 2014.
[16] Transitar hacia ciudades compactas y conectadas podría generar ahorros en inversión de infraestructura urbana por hasta 3 billones de dólares a nivel global hacia 2030. Better Growth, Better Climate: New Climate Economy Report, Comisión Global, 2014.
[17] Los costos de la congestión en la ZMVM, Instituto Mexicano para la Competitividad, 2012, disponible en
http://imco.org.mx/wp-content/uploads/2012/1/costos_congestion_en_zmvm2_final_abril.pdf
[18] Loreta Castro Reguera, “Cómo sacarle partido a la lluvia en CDMX y así evitar el caos”, The Huffington Post, 3 de julio de 2017, http://www.huffingtonpost.com.mx/loreta-castro-reguera/como-sacarle-partido-a-la-lluvia-en-cdmx-y-asi-evitar-el-caos_a_23014309/
[19] Ibíd.
[20] Cálculos a partir de base de datos de “Proyecciones de la Población 2010-2050”, CONAPO, 2010. Disponibles en http://www.conapo.gob.mx/es/CONAPO/Proyecciones_Datos

 

 

 

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