Un Planeta Avanza hacia la Transición al Compás de la Marsellesa

Tomislav Lendo

19 diciembre 2017

Durante años la acción contra el cambio climático por parte de los gobiernos enfrentaba dos obstáculos monumentales, provenientes ni más ni menos que de los dos principales emisores del planeta: Estados Unidos y China. El primero se negaba a asumir compromisos internacionales vinculantes que pudieran poner en riesgo sus actividades económicas y el estilo de vida de su sociedad, ambos fuertemente dependientes del consumo de hidrocarburos. El segundo, en pleno boom económico, argumentaba la injusticia en el hecho de que los países desarrollados hubieran podido, en su momento, contaminar el planeta sin restricción alguna y a los países en desarrollo se les quisieran poner restricciones que limitaban sus posibilidades de crecimiento. Bajo esa concepción tanto en Estados Unidos como en China crecer económicamente estaba estrechamente ligado a la posibilidad de generar emisiones sin mayores restricciones.

Uno de los grandes avances reflejados en los Acuerdos de Paris fue la aceptación, por parte de todos los países –incluidos China y Estados Unidos–, de la necesidad de actuar conjuntamente para contener el cambio climático. Cada una de las naciones firmantes asumió una serie de compromisos y metas determinadas por cada país para alcanzar el objetivo global de impedir que el crecimiento de la temperatura del planeta supere los 2 grados centígrados para fin de siglo. Más aún, todos estuvieron de acuerdo en incrementar gradualmente el nivel de exigencia de sus propios compromisos con el fin de ser también más ambiciosos en la meta global. La participación activa de los dos mayores emisores, tanto en la conferencia (COP 21) como en los eventuales Acuerdos de Paris, dio pie a un mayor optimismo en las filas de la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, antes de cumplir su primer año de vida, los Acuerdo de Paris sufrieron un duro revés con el posicionamiento de la nueva administración en Estados Unidos, que no sólo se deslindaba de los compromisos establecidos por la administración anterior, sino que recurría al viejo y falso argumento de ligar el crecimiento económico con las posibilidades de contaminar el planeta sin restricción. Bajo un enfoque aislacionista, la nueva administración norteamericana se plantea recobrar la “grandeza” de Estados Unidos desligándolo de condicionamientos que obedecen a preocupaciones e intereses generados más allá de sus fronteras. Así, el recién asumido liderazgo de Estados Unidos en un tema del mayor interés global, como es el cambio climático, se esfumó más velozmente de lo que había tardado en crearse.

La nueva estrella en el firmamento de los líderes globales, el francés Emmanuel Macron, aprovechó el espacio desocupado por Estados Unidos, así como el entusiasmo sobre el tema prevaleciente en la Unión Europea para posicionarse al frente, llamando a una cumbre global al cumplirse dos años de los Acuerdos de París. Bajo el título de “One Planet Summit” y en asociación con la Organización de las Naciones Unidas y el Banco Mundial, Macron convocó a jefes de Estado y de gobierno, así como a líderes empresariales y de la sociedad civil de todo el mundo no sólo para refrendar los acuerdos sino para plantear nuevas ideas, a fin de financiar la puesta en marcha de los compromisos nacionales adquiridos y así cumplir con la meta de los 2º C. Entre los logros alcanzados en esta nueva cumbre destacan los siguientes: Los países desarrollados se comprometieron a destinar 100 millones de dólares por año, de aquí a 2020, hacia el mundo en desarrollo, especialmente para acciones de adaptación.

 El Banco Mundial anunció que dejará de otorgar apoyos y créditos para proyectos en las industrias petrolera y de gas natural a partir de 2019, exceptuando las inversiones en gas natural en los países más vulnerables. Además, comenzará a publicar un inventario de emisiones para cada uno de los proyectos que financia alrededor del mundo.

 Un grupo de países con fondos soberanos de inversión –liderado por Noruega e integrado por Qatar, Kuwait, los EAU, Arabia Saudita y Nueva Zelanda- se han unido para evaluar compromisos conjuntos para acelerar la transición hacia una economía baja en carbono.

 La aseguradora francesa AXA y el banco holandés ING Groep acelerarán el retiro de sus inversiones de activos y proyectos contaminantes. La Breakthrough Energy Coalition, que agrupa a gobiernos y entidades privadas para generar una mayor investigación en tecnologías de generación de energía sustentable, incorporará a nuevos socios y lanzará esquemas de asociación público-privada con Canadá, la Comisión Europea, Francia, México y Reino Unido. Macron anunció 12 compromisos de su gobierno para convertirse en líder global de la transición. Particularmente, planea asumir el liderazgo para generar cambios concretos en África y en los países insulares, así como el lanzamiento de un observatorio espacial para el clima.

A pesar de los absurdos esfuerzos del Presidente Trump por negar la existencia del cambio climático, se trata de una realidad que ha llegado para quedarse. Durante mucho tiempo esta realidad ha sido relegada a un segundo plano entre las prioridades de las agendas nacionales y globales, pero hemos llegado a un punto en el que ya no será posible seguir procrastinando. Las decisiones de inversión y de política pública hacia el futuro no podrán ignorar esta realidad, por el contrario, día con día será cada vez más determinante. Por eso, el movimiento de Macron resulta estratégico para colocar a su país a la vanguardia en la lucha contra el cambio climático, el más global de todos los problemas de la humanidad hoy en día.

 

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