Una prolongada “cuesta de enero”

 

Juan Manuel Corona

Cada vez que inicia un nuevo año, en el adagio popular mexicano sale a colación una frase que describe la situación económica de las personas: “La cuesta de enero”. Así nos referimos a periodo de inicio de año que suele ser tan difícil para la economía de las familias. En primer lugar, suele presentarse un incremento en los precios de los bienes y servicios administrados por el sector público, que a su vez impacta en los precios de los demás productos. Todo esto se da en un contexto en el que los hogares vienen de celebrar las fiestas de fin de año, en las que realizan grandes gastos. Así, las familias comienzan el año cortas de presupuesto, lo que genera una reducción significativa del gasto de los hogares en enero.

Es, todos los sabemos, un fenómeno que se repite año con año y para algunos hogares la cuesta no se acaba en el primer mes del año, sino que se prolonga hasta febrero. Pues todo apunta a que en este año las cosas van a estar incluso más difíciles que de costumbre: “la cuesta” inició antes de enero y la perspectiva es que se prolongará varios meses más.

Diversos datos nos hacen llegar a esta conclusión.

En primer lugar, durante los primeros 11 meses del año pasado, tanto las ventas al menudeo como las ventas al mayoreo crecieron muy por debajo de lo que lo habían venido haciendo en años anteriores, 2.0% y 3.2% respectivamente.

En segundo lugar, las ventas de las tiendas asociadas a la ANTAD (Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales), no sólo no aumentaron sino incluso se contrajeron (-) 1.5% en términos reales durante 2017, su peor desempeño en dos años.

En tercer lugar, la compra de bienes duraderos se vio incluso más afectada. Por ejemplo, las ventas de vehículos se contrajeron (-) 4.5%, su mayor caída desde la gran crisis de 2008-2009. El pasado diciembre fue un mes particularmente duro para los vendedores de automóviles, ya que sus ventas se desplomaron (-) 17.6%.

Pero no sólo el gasto de las familias ha caído, también el de las empresas Por ejemplo entre enero y octubre del año pasado, las inversiones de las empresas en maquinaria y equipo (inversión fija bruta) se contrajo (-) 1.4%, su mayor caída en 3 años. Esto es doblemente preocupante, porque además de su impacto directo en la economía revela que las expectativas de los empresarios no son muy buenas, entre otras cosas por la contracción del consumo.

Todos estos datos nos revelan que la gente está comprando menos. Ahora vamos a las causas de esto que es precisamente lo que nos hace pensar que la cuesta de enero será más pronunciada y más prolongada.

Aquí vemos, en primer lugar, la pérdida del poder adquisitivo. Durante 2017, la inflación cerró en 6.8%. Prácticamente la más alta en lo que va del siglo. ¿Y por qué fue tan alta la inflación?. Por una parte, por la liberalización de los precios de las gasolinas, mejor conocida como el gasolinazo. Aparejado a esto, el alza de los precios del gas LP que se ha sentido en todos los hogares de México, más aún en esta temporada invernal. También subieron muchos alimentos y por último la depreciación del peso frente al dólar terminó afectando los precios de muchos productos, particularmente pero no exclusivamente los importados. Al subir los precios y no aumentar los salarios en la misma proporción lo que se tiene es una pérdida del poder adquisitivo. Por ejemplo, los salarios promedio de los trabajadores que cotizan en el IMSS se perdieron el 1.2% de su valor. Hay que subrayar que ni siquiera durante la gran crisis de 2008-2009 se registró un impacto así para la economía de las familias.

En segundo lugar, el crédito se ha vueltos más caro. Es decir han subido los intereses de todo tipo de créditos: hipotecarios, de automóvil, tarjetas de crédito, etc. Por esa razón el crédito al consumo se contrajo (-) 2.6% en términos reales, su mayor caída en 6 años.

Finalmente está el factor de la incertidumbre política: La elección presidencial es un factor que genera preocupaciones. Especialmente porque las posiciones entre los candidatos están muy polarizadas y nadie sabe a ciencia cierta qué puede pasar. Si tomamos por ejemplo, la encuesta que levanta el Banco de México entre los especialistas en economía del sector privado, la incertidumbre política interna ha aumentado de manera sostenida y representa el principal freno a la economía en 2018.

Es claro que esto factores que hemos señalado como causantes de la baja en el consumo de las familias mexicanas, seguirán presentes durante gran parte del 2018. Por ello no se espera un cambio de tendencia en el gasto de las familias. Un bajo consumo, a su vez, limita el crecimiento de la economía en general, que, este año, se pronostica será de apenas poco más del 2.0%. Pero además hay otros factores que abonan a la incertidumbre, entre los que destacan: 1) la renegociación del Tratado de Libre Comercio, que como hemos visto ha estado sometida al temperamento del nuevo Presidente de Estados Unidos. 2) la reforma fiscal en Estados Unidos que puede generar muchos impactos negativos en México como la disminución de la inversión y 3) una creciente incertidumbre política que en principio se mantendrá al menos hasta julio de este año.

Así las cosas, el panorama no es alentador: “La cuesta de enero” está llamada a prolongarse durante varios meses más.

 

 

 

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