Davos 2018: no hay crecimiento sin un futuro sustentable de bajas emisiones

 

Ricardo Smith Nieves


Tradicionalmente, las reuniones internacionales para temas económicos solían ser vistas como foros excluyentes, donde los temas a discutir eran totalmente ajenos a la realidad mundial y cuyo impacto para los ciudadanos comunes y corrientes era nulo. Así era visto el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), en el cual líderes de empresas y gobiernos de todo el mundo se dan cita para discutir el presente y el futuro de la economía global. Pero la llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos ha sacudido el tablero: ahora cumbres como ésta tienen gran potencial para fortalecer la cooperación internacional y la lucha contra problemas globales como el cambio climático.

Nos encontramos en un momento particularmente crucial en temas ambientales. El calentamiento global es cada vez más agudo y los efectos del cambio climático son cada vez más desastrosos. Por un lado, la concentración anual de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera sigue creciendo y alcanzó el nivel más alto en 800 mil años. Sin duda, esto se debió a que el volumen anual de gases emitidos volvió a crecer después de un estancamiento en 2014, 2015 y 2016. En consecuencia, no es sorprendente que 2016 y 2017 hayan sido los años más cálidos desde la Revolución Industrial. De hecho, estos tres últimos años han contribuido con una quinta parte del calentamiento total desde finales del siglo XIX.

De tal modo, las discusiones en Davos este año reflejaron el consenso internacional que ya existe en torno a la amenaza real que representa el cambio climático y la urgencia de atenderlo. De hecho, el Global Risks Report 2018, la evaluación anual de riesgos del WEF, colocó los riesgos ambientales causados por el cambio climático como las amenazas más peligrosas para el bienestar y la seguridad de los seres humanos. Según el estudio, los efectos del cambio climático son altamente probables y con un alto potencial de impacto, según las percepciones de líderes alrededor del mundo.

Con este trasfondo, las discusiones del WEF de este año subrayaron la importancia del desarrollo sustentable, bajo en emisiones, como una pieza fundamental en la búsqueda de un modelo de crecimiento económico de mejor calidad y mucho más incluyente. Grandes inversionistas como BlackRock, agencias aseguradoras multinacionales como AXA y otras empresas globales se unieron en reconocimiento de los riesgos económicos causados por el cambio climático y la inminencia de una transición hacia una economía mundial baja en carbono.

Además de un renovado interés por parte del sector privado, el Foro Económico Mundial fue testigo de un cambio fundamental en el balance de poder mundial para temas climáticos y de medio ambiente. Tradicionalmente, las tensiones en negociaciones internacionales de cambio climático se daban alrededor del clivaje entre países en desarrollo y países desarrollados. Todo cambió con el Acuerdo de París y la salida de Estados Unidos. Ahora, como atestiguamos en Davos, Europa –con Francia y Alemania a la cabeza-, así como China y la India, dejaron claro que serán los nuevos polos de liderazgo en temas climáticos.

A pesar de la existencia de voces críticas hacia foros como Davos, hay un gran valor en la existencia de espacios de alto nivel que reúnan a líderes políticos y grandes actores económicos para reconocer los retos conjuntos y elaborar narrativas comunes que aceleren los cambios que necesitamos. Esto es particularmente cierto en la lucha contra el cambio climático, donde las señales políticas pueden generar cambios fundamentales en los mercados. Así, quizá la mayor contribución de Davos para este año fue demostrar que -más que una lucha de dos visiones sobre el cambio climático y el desarrollo sustentable-, hay consenso global con la solidez suficiente como para resistir la reticencia de la Casa Blanca.

 

 

 

 

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