Consideraciones sobre la Reforma Fiscal de Estados Unidos

 

Jairo Jiménez Santiago


A finales del año pasado, el mundo corporativo global se vio afectado por una decisión de carácter nacional: la reforma tributaria de Estados Unidos. Ésta no sólo tendrá implicaciones para las finanzas públicas y empresas de ese país, sino también para las economías de los países en los que operan empresas estadounidenses. Este es particularmente el caso de México, dada la estrecha relación entre ambas economías. Para muestra, baste recordar que del total de las empresas extranjeras que realizaron inversión directa en México entre 1999 y el tercer trimestre de 2017, el 44% fueron estadounidenses, y su flujo en dólares representó el 49% del total.

Asimismo, del total de las exportaciones mexicanas, el 80% se destinan al vecino del norte, proporción que es posible, en gran medida, precisamente por la cantidad de empresas estadounidenses que operan en nuestro territorio.

La reforma tributaria aprobada a finales de 2017 es la de mayor envergadura en los últimos 30 años. Sus principales objetivos son impulsar la actividad económica de ese país, repatriar la inversión estadounidense, favorecer los ingresos de las personas al recortar los impuestos para el 95% de los contribuyentes, así como simplificar las declaraciones de impuestos.

Son diversas las modificaciones que se realizaron al sistema tributario de Estados Unidos, pero por su importancia para las finanzas públicas y la economía tanto de México como de Estados Unidos, en este análisis se consideran sólo dos:

• El impuesto a las ganancias corporativas se reduce de 35% a 21% (en México la tasa máxima es del 30%).

• Se aplicará un impuesto especial a las utilidades que las empresas estadounidenses generan en el exterior siempre y cuando se repatrien en tiempo y forma: del 15% para las utilidades en efectivo y de 8% si son en activos de otra índole.

Es claro que tan sólo estas dos acciones elevan la competitividad del sistema fiscal estadounidense, y buscan que las empresas incrementen sus inversiones en ese país y que las que operen en el extranjero retornen y materialicen sus inversiones, impulsando el crecimiento económico en el mediano y largo plazos. No obstante, diversosanalistas señalan que los beneficios en la economía estadunidense serán moderados. Por ejemplo, la Tax Foundation estima que en el largo plazo la tasa de crecimiento económico promediará 1.7%, y que la reforma tributaria agregará sólo 0.3 puntos porcentuales a ese crecimiento.

Lo anterior no sería suficiente para obtener la recaudación esperada y no compensaría los costos a las finanzas públicas que implica la reforma tributaria. Por ejemplo, el Comité por un Presupuesto Responsable, estima que, en los siguientes 10 años esta reforma incrementaría el déficit fiscal en 1.4 billones de dólares (actualmente es de 20 billones), además de que elevaría la deuda pública desde un 91% del PIB hasta un rango de entre 95% y 98%.

Las implicaciones para México aún no son claras, pero las habrá y de diversas magnitudes, algunas podrían ser las siguientes. En primera instancia, las finanzas públicas del país podrían resentir una menor captación de Impuesto Sobre la Renta si las empresas deciden trasladar sus domicilios fiscales para tributar en Estados Unidos en lugar de hacerlo en México. En términos productivos aún resulta complejo calcular sus implicaciones, ya que difícilmente las empresas decidirán cambiar sus procesos productivos a Estados Unidos por los altos costos en logística que ello implica dada la integración de las cadenas productivas, y también porque la competitividad que representa el menor costo de la mano de obra mexicana podría ser un incentivo para mantenerse en el país.

Otra cara de esta moneda es que la repatriación de utilidades o inversiones de aquello lugares donde las cadenas productivas no están tan integradas con el mercado estadounidense, llevaría a que aumentara la demanda de dólares y con ello su tipo de cambio, afectando al peso con una depreciación adicional. Esto en su aspecto positivo impulsaría la competitividad y el dinamismo de las exportaciones mexicanas en la fase expansiva del ciclo económico estadunidense, lo que lleva a plantear la pregunta siguiente ¿Este impulso sería suficiente para mantener el atractivo de México como centro de operaciones y plataforma de exportación de las empresas estadounidenses?

Ante este escenario, y considerando la abrupta caída de la aportación fiscal del sector petrolero, las opciones de México son pocas, ya que las finanzas públicas tienen un estrecho margen de maniobra. Por el lado de los ingresos una reducción del ISR afectaría directamente al nivel de gasto del gobierno, porque éste no estaría dispuesto, sobre todo en el corto plazo, a asumir el costo político que implicaría hacer ajustes en otros impuestos como el IVA generalizado o en el Impuesto Especial a Producción y Servicios (IEPS).

De esta forma, el ambiente político nacional será determinante de la política fiscal en el corto plazo. Muestra de ello es que el gobierno, que en el 2017 generó la escalada de la inflación con el gasolinazo del mes de enero al fijar el IEPS a la gasolina en más de cuatro pesos por litro, a últimas fechas está aplicando un estímulo fiscal al IEPS, que no es otra cosa que una reducción de IEPS para evitar reflejar un alza en los precios de la gasolina en tiempos electorales.

México verá disminuida su competitividad en costos por la reforma fiscal de Estados Unidos, pero eso no significa que veamos una desbandada de capitales, porque México sigue siendo competitivo. Sin embargo, se trata sin duda de una oportunidad para realizar un análisis profundo del sistema fiscal mexicano, a fin de competir con menores impuestos, pero sobre todo de hacer un mejor uso de ellos. La oportunidad de mejora está ahí, prueba de ello es que, como lo muestra el Índice de Competitividad Global del Foro Económico Mundial, en lo que va de la presente administración, México ha perdido 54 lugares en eficiencia del gasto de gobierno, al pasar de la posición 67 en 2012 a la 121 en 2017.

Esa ineficiencia del gasto es reflejo de que se ha priorizado el gasto corriente en detrimento de la inversión. Así, ésta última ha sufrido sus mayores contracciones de la historia. Un gasto más eficiente, orientado a la inversión y una apuesta por disminuir la corrupción, erradicar la impunidad y fortalecer el Estado de derecho son apuestas que harán a México más competitivo, incluso frente a la reforma fiscal de Estados Unidos.

 

 

 

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