Las remesas importantes, pero insuficientes

 

Juan Manuel Corona

 

Históricamente, la migración ha sido un fenómeno de gran relevancia para México: la ONU estima que existen actualmente 12.3 millones de mexicanos viviendo fuera del país, colocándolo como el 2° emisor de migrantes a nivel mundial, sólo superado por la India. De ese total, 12 millones residen en Estados Unidos.

 

Lo anterior ha impactado al país de diversas formas y dimensiones: la parte social, que implica la separación de la familia; la política, que se ha acentuado recientemente por el discurso claramente antinmigrante de Donald Trump; y el más visible, el económico, debido a la magnitud del valor de las remesas que envían los connacionales, y que han colocado a nuestro país en un lugar destacado dentro del contexto mundial:

 

• México ocupa el 4° lugar como país receptor de remesas, sólo detrás de la India, China y Filipinas.

 

• Pero considerando los diversos corredores migratorios, el de Estados Unidos- México ocupa el primer lugar en transferencias de remesas, superando al de Estados Unidos-China y al de Hong Kong-China.

En el plano nacional, la importancia de las remesas es aun más relevante: durante 2017 su valor alcanzó un máximo histórico de 29 mil millones de dólares, convirtiéndose en una de las principales fuentes de divisas del país, por encima del turismo, las exportaciones petroleras e ncluso la inversión extranjera directa. El valor de las remesas que recibe México de los migrantes supera al PIB de El Salvador y es similar el PIB de Paraguay.

 

Sin embargo, donde se puede apreciar con mayor claridad el impacto de las remesas es en la econmía de las familias que son beneficiarias directas:

 

• Durante 2017, una familia beneficiaria de remesas recibió en promedio el equivalente a 5,826 pesos mensuales, lo que constituye un máximo histórico.

 

• Si asumimos que esto es lo que en promedio recibe cada familia de un migrante y que en promedio dicha familia estaría compuesta de 4 miembros, estamos hablando de 1,457 pesos mensuales por persona.

 

Si se considera que las personas utilizan ese dinero para cubrir principalmente gastos de alimentación, salud y vestido, entonces la pregunta válida ¿resulta suficiente esa cantidad para satisfacer las necesidades básicas de cada uno de los integrantes de la familia?

 

Según datos de la CONEVAL, en 2017 el costo de la canasta alimentaria (lo que se denomina la línea de bienestar mínimo) ascendió a 1,022 pesos mensuales por persona en zonas rurales y 1,434 pesos en las urbanas. Esto quiere decir que las remesas alcanzarían a cubrir sólo la alimentación de esas personas, pero si se le agregan las demás necesidades (vestido, salud, educación, vivienda, etc.) el costo de la canasta se eleva a 1,854 pesos en zonas rurales y 2,867 en las urbanas, por lo que las remesas, aunque valiosas y de una gran magnitud al considerar su totalidad, resultan insuficientes para que, sólo con ellas, los miembros de las familias beneficiarias satisfagan todas sus necesidades básicas.

 

 

Si bien las remesas representan un ingreso extra, que coloca a los receptores en una situación muy favorable respecto a quienes no reciben este ingreso, no es esperable que las familias de migrantes viven exclusivamente de ingreso procedente de dicho trabajador. Para que la familia escape verdaderamente de una situación de pobreza las remesas deben ser complementadas con ingresos generados internamente, como tiende a suceder, de hecho, en la mayoría de los casos.

 

 

 

 

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