Conciencia ambiental

 

Eric García, Melissa Pérez

 

Los hábitos arraigados a la humanidad que tanto han perjudicado al medio ambiente son una problemática cultural cuyas estadísticas indican un deterioro de los recursos naturales gigantesco. A lo largo de la historia se ha comprobado que el ser humano tiene una tendencia inconsciente por la acumulación, proveniente del instinto de supervivencia para prevenir condiciones naturales adversas. Ello afecta la integridad del entorno y el lazo que comparte la raza humana con su medio ambiente. A pesar de los resultados negativos notables a simple vista, los móviles sociales que generan estas condiciones prevalecen. La carencia de educación ambiental no sólo refuerza esas tendencias sino que además representa un hueco en el sistema de educación en México.

 

La problemática de la contaminación en el aire, suelo y agua no tiene una causa aislada. Tiene su origen en diferentes áreas del conocimiento humano y consta de modelos económicos y sociales que dan forma a este error conductual.

 

La costumbre innecesaria de usar bolsas, popotes, botellas de plástico, platos y vasos de unicel, tomando como pretexto la practicidad, ha generado una dependencia ficticia. Influenciados por completo por la psicología de la publicidad, consumimos cosas empacadas para adoptar las premisas de que estos productos son más baratos y funcionales. En realidad el costo para el ambiente y para la vida de las personas que hicieron posible que esos productos lleguen a nosotros es mucho mayor.
El bajo costo del transporte y de las energías que se usan provoca la devaluación de la mano de obra. El esfuerzo conjunto de todas las personas que intervinieron en el proceso de producción directa o indirectamente es la muestra de un sistema deficiente de equilibrio. Cuando estiramos la mano para tomar algún producto en el súper y llevarlo a casa no tenemos noción del trabajo pobremente remunerado de miles de personas, además del uso de energías no renovables para su producción y transporte.

 

No podemos erradicar o mitigar los problemas de contaminación y deterioro ambiental que nos aquejan si no hacemos conciencia individual de nuestras acciones. Nosotros somos el consumidor y tenemos el poder de la demanda. Tenemos el poder de decidir si comprar a empresas trasnacionales o comprar a productores locales y productos nacionales, así como a empresas social y ambientalmente responsables. Y en este punto es muy importante estar informados y asegurar que la información que obtenemos es real.

 

Según el Periódico Excelsior, México es un país con escasa educación y conciencia ecológica. De acuerdo con el INEGI y la Semarnat, en 60% de los hogares mexicanos no se separan los residuos sólidos que se generan; en una de cada tres viviendas no se toma ninguna medida para el cuidado del agua; en el 12% no se toman medidas para ahorrar energía eléctrica; mientras que el 20% de las familias queman o dejan al aire libre los muebles que ya no usan.

 

Estos datos denotan la poca educación y conocimiento que se tiene sobre el tema ambiental. Si bien se han tomado algunas medidas, éstas son claramente insuficientes. El cambio debe venir de cada individuo y una reformulación del concepto que manifiesta del medio en el que vive, así como de adoptar valores como la empatía y la conciencia ecológica.

 

La conciencia individual es esencial, más aún en nuestros dirigentes. Si no se consolidó una base, a lo largo de su formación, no habrá ni interés ni preparación de su parte para rescatar el tema en el ámbito político y económico. Esto mismo es válido para cada integrante de la sociedad.

 

 

 

 

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