Pequeñas acciones, grandes resultados: reciclar para vivir mejor

Uno de los retos más apremiantes que enfrentará el mundo dentro de los próximos años es encontrar maneras innovadoras y sustentables de satisfacer la demanda de productos y servicios generada por una creciente población mundial. De 7.3 billones de personas en el mundo en 2015, pasaremos a tener 9.7 billones en 2050.1
Esto quiere decir que, en tan solo 35 años, habrá un aumento de casi un tercio de la población actual. De tal modo, si queremos satisfacer las necesidades de los nuevos ciudadanos del mundo, tenemos dos opciones: continuar con el modelo actual de producción, basado en producir y desechar, o aspirar a un mejor modelo, basado en reutilizar, reciclar y reducir.
La elección no es tan difícil si tomamos en cuenta los efectos negativos de haber privilegiado el primer modelo durante décadas y las grandes oportunidades que ofrece el segundo. El modelo tradicional, a veces llamado de producción y consumo lineal,consiste en un proceso de “tomar, hacer y desechar” que perjudica al ambiente yredunda en la pérdida de márgenes de ganancia potenciales para quienes se encargan de producir. Sin embargo, los avances tecnológicos –especialmente en materiales y
digitalización– han permitido que sea posible pensar en formas de producir y consumir que son amigables con el medio ambiente y ayudan a optimizar el aprovechamiento de recursos.
Reciclar, reutilizar y reducir son prácticas que, si se expanden, podrían servir como base de una economía circular; es decir, sería posible recuperar el valor de mucho de lo que actualmente se desecha. Si el mundo avanzara hacia una economía circular, los beneficios económicos alcanzarían niveles de más de 1 billón de dólares al año para 2025, con 100,000 nuevos trabajos y menos emisiones de carbono.2
Pero para llegar a una economía circular, es necesario que haya un cambio radical en hábitos de consumo y modelos de producción. Cambios radicales, pero que no necesitan de esfuerzos o sacrificios igual de radicales. Lo que sí se necesita, sin duda,es que haya políticas que señalen el camino y fortalezcan el compromiso por producir más con lo que tenemos sin dañar al ambiente. En algunos países, el cambio ya ha comenzado. La Unión Europea ya ha establecido una meta vinculante para que lospaíses miembro aumenten la productividad de los recursos en 30% para 2030.3
También existe la opción de emplear instrumentos de política pública que vayan más allá de obligaciones expresas y generen incentivos para reciclar. Canadá, Estados Unidos y Suecia han puesto en marcha programas de eco etiquetado para pilas y baterías libres de mercurio y cadmio.4
Si bien las empresas y los gobiernos deben asumir el liderazgo en el camino hacia una economía circular, los ciudadanos tenemos el potencial de generar impactos positivos de gran alcance. Pequeños cambios en nuestros hábitos de consumo, que implican costos apenas visibles, podrían traernos beneficios profundos y de largo alcance. No hay que ir más lejos, hay dos líneas de acción que nosotros, los ciudadanos, podemos adoptar y así contribuir a tener un mejor futuro: la separación de residuos domésticos yel reciclaje de pilas y baterías.
Por un lado, separar residuos entre nuestra basura facilita el proceso de reciclaje de aquellos materiales como el cartón, el papel, el aluminio o el vidrio  que pueden ser reutilizados y reinsertarse en las cadenas de producción. Los residuos orgánicos se pueden reutilizar como composta. Separar no sólo es bueno para las empresas que reciben los materiales reciclables, también hay beneficios ambientales que todos disfrutamos con menos residuos sólidos que tardarían años en degradarse y saturarían los depósitos de basura.

No obstante, hay que poner especial atención cuando separamos pilas y baterías usadas del resto de los residuos domésticos. A diferencia de la basura inorgánica común y la orgánica, las pilas y baterías deben colocarse en contenedores separados y especialmente dedicados para su reciclaje. En general, la mayoría de las pilas contienen metales que pueden ser tóxicos para los humanos, como mercurio o cadmio; si los residuos municipales contienen pilas o baterías usadas, dichos metales tóxicos pueden llegar a tierras de cultivo y a productos del mar.
En consecuencia, se han puesto en marcha programas de reciclaje de pilas con el doble objetivo de reutilizar sustancias contaminantes y reducir al mínimo la probabilidad de que lleguen a ser consumidas por los seres humanos. En México, tenemos incluso más razones para poner atención a las prácticas de reciclado y separación de basura. Por ejemplo, a diferencia de otros países, no contamos con normas que establezcan límites máximos de metales tóxicos para las pilas.5Asimismo, hay evidencia de que, en el mercado nacional, se comercializan pilas con niveles de mercurio y cadmio superiores a los estándares de la Unión Europea.6
Frecuentemente solemos pensar que los grandes cambios son sólo el resultado de grandes políticas y cuantiosas inversiones. El Día Internacional del Reciclaje puede servir como un recordatorio de que pequeñas acciones también pueden ayudar aconstruir un mejor futuro, mucho más próspero y más limpio.
1 World Population Prospects, Naciones Unidas, 2015.
2 Better Growth, Better Climate: The New Climate Economy Report 2014, The Global Commission on the Economy
and Climate, p. 47.
3 Towards a circular economy: A zero-waste programme for Europe, Comisión Europea, 2014, disponible en
https://www.oecd.org/env/outreach/EC-Circular-econonomy.pdf7
4 Arturo Gavilán García, Leonora Rojas y Juan Barrera, Las pilas en México: un diagnóstico ambiental, marzo de
INECC-SEMARNAT, 2009.
5 La Norma Mexicana que debe regular este tema sigue en proceso de elaboración desde 2008, según el Programa
Nacional de Normalización 2011.
6 INECC, 2009.

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