El cuidado de la “casa común”: la aportación del Papa Francisco

El impacto de las acciones humanas sobre el cambio climático y sobre la disponibilidad futura de los recursos naturales es un tema que ha sido abordado desde un enfoque científico, político y económico. Con la aparición de la Encíclica Laudato Si´[1] del Papa Francisco, este tema se puede convertir en materia de una necesaria discusión ética.
Publicada oficialmente el pasado 18 de junio de 2015, esta comunicación oficial del Papa está dirigida “a todas las personas de buena voluntad” para ofrecer al mundo un planteamiento directo acerca del cuidado de “nuestra casa común”.
En términos de forma y de fondo, este documento presenta características que llaman la atención.
Relativo a su forma, destaca una posición dialogante y humilde que coincide con el público al que quiere dirigirse el Pontífice: “a todas las personas de buena voluntad”. A diferencia de otras encíclicas sociales en las que los predecesores del Papa Francisco invocaron la autoridad doctrinal de la Iglesia, en Laudato Si´ es explícito un tono propositivo, antes que dogmático.
El Papa Francisco no apela a la autoridad milenaria de la Iglesia, en cambio presenta la evidencia de los hechos que tiene a su alcance, reflexiona sobre lo que a su juicio son las causas fundamentales de esos problemas y con modestia intenta proponer alternativas de salida.
Diferente a otras encíclicas sociales, Laudato Si´ recupera y amplifica las preocupaciones que desde hace décadas han manifestado los obispos del mundo y que probablemente habían pasado desapercibidas en los debates globales. En esta encíclica por ejemplo se escucha la voz de los obispos filipinos que desde 1988 denunciaron el deterioro de los arrecifes; o el clamor de los pastores de Bolivia que en 2012 documentaron que los efectos del daño ambiental afectan a los más pobres.
Laudato Si´ de ningún modo podría considerarse como una encíclica “verde”, pues este concepto es criticado por el Pontífice a partir de su frecuente utilización para obtener ganancias mediante el uso instrumental de las banderas ecológicas. Lejos de ello, el propósito de este documento es una toma de postura novedosa y asertiva. La posición del Papa no consiste en imponer una visión determinada del problema del cambio climático, sino invitar a una reflexión global sobre un problema compartido.
En relación al fondo, Laudato Si´ hace eco de los diagnósticos científicos más acreditados acerca del cambio climático. El Papa no alberga ninguna duda de que se trata de un problema real, con efectos tan concretos como peligrosos para la supervivencia de la humanidad.
De acuerdo con el Papa, las alternativas para hacer frente al cambio climático no se encuentran en la aplicación de las mismas fórmulas económicas que lo han propiciado, ni en las decisiones políticas que se han subordinado al principio de la maximización de las rentas. Para este líder global, las alternativas concretas de solución incluyen la consideración a una serie de principios fundamentales.
El primero de estos principios consiste en admitir que el ambiente y el clima son bienes comunes “de todos y para todos”. Este punto de partida anuncia el enfoque ético que propone el Papa para entender y atender los problemas ambientales que enfrenta la humanidad. El disfrute de estos bienes que son esenciales para la sobrevivencia y desarrollo se encuentran comprometidos por una explotación predatoria e irracional de los mismos, que exige un necesario deslinde.
El Papa utiliza un lenguaje llano y directo para señalar la responsabilidad histórica de las naciones que se han beneficiado de la explotación de los recursos naturales y de sus obligaciones para encabezar los esfuerzos de solución. Esta postura perfecciona y actualiza el concepto de “hipoteca social” planteado por Juan Pablo II y según el cual, el afán de lucro debe subordinarse a la construcción del bien común. La propuesta del Papa Francisco consiste en declarar abiertamente que es necesaria una reasignación de costos, mediante la premisa de que las naciones que han obtenido la mayor parte de las rentas económicas por la degradación ambiental deben afrontar la mayor parte de los costos financieros del cambio climático.
Las alternativas de solución que plantea el Papa no se limitan a la adopción de medidas económicas para compensar a los países en situación de mayor vulnerabilidad. Incluso, el Papa se muestra desconfiado de estrategias de mercadeo ambiental que no han sido capaces de inhibir el consumo desmedido de unos y la penuria material en muchos.
Entre las orientaciones para la acción que propone el Papa hay algunas que son propicias para el consenso, como el impulso a las iniciativas locales de desarrollo y la transparencia en los procesos de decisiones. También ofrece algunas que pueden resultar controversiales, como su pronunciamiento en contra del mercado internacional de bonos de carbono. Otras más, serán descartadas por ser consideradas inviables como el establecimiento de un sistema normativo supranacional para proteger el ambiente.
Pero en el fondo de estas propuestas específicas de solución, el Papa ofrece al auditorio global una solución ética. El problema central no es la economía, ni el consumo, ni la degradación ambiental. Estas son manifestaciones de una manera equivocada de entender la posición del ser humano frente a la naturaleza.
El Papa no evita la autocrítica hacia algunas interpretaciones bíblicas que han postulado al ser humano como dominador absoluto de la naturaleza y en cambio, propone una antropología en la que la persona goza de una dignidad indiscutible, pero también de una responsabilidad ética frente a los bienes ambientales y frente a las siguientes generaciones.
Esta encíclica plantea una convicción ética del ser humano capaz de hacerse responsable del cuidado ambiental (ecología ambiental), responsable también de construir condiciones institucionales para el cuidado de los otros (ecología social) y responsable de preservar el patrimonio histórico, artístico y cultural de la humanidad (ecología cultural).
En ello reside la propuesta fundamental del Papa y posiblemente su principal aportación al debate mundial: el cuidado de “nuestra casa común” exige aceptar que “todo está conectado”. Pero sobre todo, hay una conexión entre la degradación ambiental y la degradación social que la acompaña por efecto de la injusticia y del olvido de los pobres.
En suma, el mensaje central del Papa Francisco es que persiste en el ser humano un margen de libertad para actuar de inmediato y tomar decisiones individuales y colectivas para reconstruir la “casa común”. Ahora corresponde poner manos a la obra.

[1] El texto íntegro se encuentra disponible en:http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

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