Mejores Ciudades para un Futuro Sustentable

Mi abuelo creció en una aldea rural en la sierra de Sinaloa, mi padre en una comunidad agrícola en los márgenes del Río Yaqui, ambos en el tradicionalmente rural noroeste de México. Yo en cambio he vivido siempre en ciudades. Hoy, por cierto, vivo en una de las cinco ciudades más pobladas del mundo, la Ciudad de México. En ese sentido, mi historia es como la de millones de personas en los cinco continentes. En las últimas décadas, como nunca antes, la población ha dejado atrás el campo y ha abrazado la vida urbana, en gran medida atraída por mejores oportunidades laborales en los dinámicos sectores industrial y de servicios.
Decir que el mundo se está urbanizando o que el futuro de la humanidad está en las ciudades no es ya ninguna novedad. En la zona metropolitana de Tokio viven casi 38 millones de personas, en la de Yakarta más de 30 millones, en la de México somos más de 21 millones, más de 15 millones en el Cairo y más de 12 millones en Moscú. La urbanización está llamada a continuar toda vez que ofrece oportunidades a millones de personas, pero el proceso de urbanización está generando importantes retos para el planeta. Las ciudades son responsables del “70 % de del consumo de energía y de la emisión de gases de efecto invernadero ligado a la energía”, los cuales a su vez están ocasionando el cambio climático. Por eso, no se trata sólo de optar por un estilo de vida urbano, es imprescindible lograr que esa tendencia se materialice de forma que proteja el planeta.
La forma en la que construimos y vivimos en nuestras ciudades será determinante para que el patrón de urbanización sea sustentable en el largo plazo. Tenemos en todo el mundo numerosas evidencias que muestran cómo esta súbita migración del campo a la ciudad tomó desprevenidos a los responsables de la planeación urbana. Esto ha llevado a la proliferación de ciudades como Atlanta, Bangalore o México con patrones inadecuados de movilidad, manejo de agua, manejo de residuos y uso de energía, entre muchos otros problemas. Hoy estamos en un punto crítico para corregir esos patrones subóptimos de crecimiento y asegurarnos de que las nuevas ciudades sean construidas de una mejor manera.
Veamos simplemente algunas de las ventajas que tiene una ciudad concentrada frente a una extendida. Lo primero y más obvio parece ser el transporte, al disminuir las distancias de traslado se reduce también la energía consumida y con ella las emisiones generadas. Una ciudad más concentrada puede reducir los costos de instalación y operación de sistemas de transporte colectivo, los cuales a su vez disminuyen las emisiones por pasajero/viaje. Más aun, una ciudad concentrada o compacta es también más apta para el uso de transporte no motorizado.
La operación de servicios como la recolección de basura se hace más eficiente energéticamente en tanto menores sean las distancias que se deben recorrer. Lo mismo sucede con la energía requerida para bombear agua ya sea potable o residual, en tanto menor es la distancia a la que hay que bombear el agua, menor el gasto de electricidad y consecuentemente las emisiones asociadas. Cabe subrayar que todo esto no sólo reduce el impacto que tienen las ciudades en la generación de gases de efecto invernadero, sino además disminuye considerablemente los costos de operación de la propia ciudad y los costos de vida de sus moradores al tiempo que mejora la calidad de vida.
Por otra parte, una ciudad que ocupa menos superficie para albergar a un determinado número de personas libera también espacio para ser usado como áreas de conservación, las cuales contribuyen por una parte a la captura de carbono y por otra a la regeneración de ecosistemas naturales en beneficio del planeta.
Esto es sólo uno de los muchos ángulos desde los cuales se pueden ver las ventajas que conlleva cambiar los patrones de desarrollo de nuestras ciudades. Hacer de nuestros centros de población una amenaza para el planeta no es un destino inevitable. Hay numerosos ejemplos de ciudades como Estocolmo, Hong Kong, Curitiba o Houston que están implementando cambios para reducir su huella de carbono. No esperemos a que sea demasiado tarde, es momento de avanzar hacia patrones de desarrollo bajos en carbono que mejoren al mismo tiempo la calidad de vida de las personas y la de nuestra casa común.
Tomislav Lendo/FDHS
[1] New Climate Economy Report, Better Growth Better Climate, Chapter 2 p.4

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