Infraestructura: La incertidumbre en la transición

 

Jairo Jiménez Santiago

 

Después de reunirse con el equipo de transición de López Obrador, el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM), anunció el 24 de julio la suspensión de cuatro licitaciones, “en tanto se tengan los resultados de las reuniones deliberativas sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM)”1. Las licitaciones suspendidas fueron:

 

  1. Construcción de Redes Exteriores de Distribución.
  2. Construcción de la Red de Distribución de Combustibles.
  3. Supervisión de la Construcción de la Red de Distribución de Combustibles.
  4. Suministro, Instalación y Comisionamiento de los Sistemas de Iluminación de Pistas.

 

Considerando que en el periodo de transición de los gobiernos puede haber cierta disminución del ritmo de licitaciones y trabajos de infraestructura, lo que sucede con la obra del aeropuerto es atípico, por tratarse de un megaproyecto en marcha y porque el origen de su cuestionamiento es preponderantemente político.

 

En ese sentido es pertinente cuestionarse si: ¿México tiene las instituciones adecuadas para el desarrollo de infraestructura de largo plazo? A la luz de lo que sucede con el Nuevo Aeropuerto, la respuesta evidentemente es No.

 

Ante la dimensión de muchas de las obras que requiere nuestra economía se hace imperiosa la necesidad de considerar seriamente el establecimiento de una Agencia de Infraestructura en México, que, con una visión de largo plazo y bajo estrictas consideraciones técnicas, planee, evalúe, programe, supervise e incluso, ejecute los proyectos de infraestructura del país.

 

Con una agencia de infraestructura, con recursos multianuales y que tenga autonomía se daría mayor certidumbre, pero sobre todo un rumbo claro al desarrollo de la infraestructura de México.

 

En Corea del Sur, por ejemplo, cuentan con la Korea Agency for Infrastructure Technology Advancement (KAIA), un organismo público con autonomía administrativa y que se encarga del desarrollo de la infraestructura en aquel país, planeando con objetivos claros a 10 años. Con esta temporalidad la agencia tiene la flexibilidad para responder a los cambios tecnológicos en su horizonte de planeación y evitar el efecto de los vaivenes políticos.

 

En México, hoy una agenda política pone en predicamento la obra aeronáutica en construcción, más grande de América Latina y es en ese contexto político que las licitaciones fueron canceladas, porque ante la incertidumbre de la continuidad del proyecto la contratación de las obras podría verse afectada.

 

Así, el proyecto del NAICM queda supeditado a la decisión del virtual presidente electo, bajo consideraciones que parecen más políticas que técnicas. Cabe recordar que él mismo, en septiembre de 2014, dos semanas después del anuncio de construcción del NAICM en Texcoco, se pronunciaba por la construcción del nuevo aeropuerto, pero en Tizayuca2.

 

Un año después, en 2015 cambió de opinión y propuso la alternativa de Santa Lucía, junto con el empresario José María Rioboo, quien, ahora sabemos, se vio beneficiado por adjudicaciones directas de contratos del segundo piso del periférico en el gobierno de López Obrador en la Ciudad de México.

 

La propuesta alternativa destacaba como principal ventaja el menor costo de construcción. Sin embargo, resulta cuestionable porque se trata de un proyecto totalmente diferente en alcance al que está en marcha en Texcoco. Además, los expertos en aeronáutica han establecido con toda claridad que es inviable la operación simultánea de la base de Santa Lucía y el actual aeropuerto de la ciudad de México, lo cual formaba parte de la oferta que hacía López Obrador.

 

Más allá de los debates técnicos sobre una obra específica, mismos que por cierto ya tuvieron lugar en el caso del NAICM, el punto aquí son los costos que tiene para el país el hecho de que obras públicas de esta magnitud estén sujetas a vaivenes políticos. Esa incertidumbre genera retrasos en las obras, que a su vez generan costos económicos; dificulta la planeación de la inversión, no sólo la de la obra sino todo el resto de la inversión que depende de la realización y terminación de dicha obra; eleva los costos de los licitantes que tienen que hacer ofertas ante condiciones de incertidumbre; y proyecta una muy pobre imagen del país en cuanto a su capacidad para implementar proyectos de gran magnitud.

 

México necesita urgentemente construir las instituciones que le permitan generar la certeza necesaria para avanzar en el corto, mediano y largo plazos. En materia de infraestructura, es imprescindible contar con las instituciones que nos permitan avanzar a un mayor ritmo sin estar sujetos a los cambios propios de la vida política.

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(1) GACM (2018). GACM suspende plazos de cuatro licitaciones. Recuperado de: http://www.aeropuerto.gob.mx/comunicado_info.php?q=comunicado-no-17-gacm-suspende-plazos-de-cuatro-licitaciones

(2) Proceso (2014). Propone AMLO que el nuevo aeropuerto se construya en Tizayuca, Hidalgo. Recuperado de: https://www.proceso.com.mx/382108/propone-amlo-que-el-nuevo-aeropuerto-se-construya-en-tizayuca-hidalgo 

 

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